• @Lolaquiroga
    Qué malas son esas dudas que asesinan margaritas
  • @UlisesKaufman
    Para milagro, la muerte de la palabra y su resurrección cada vez que alguien la lee
  • @DulceSAtiro
    ¿Cuántas veces vas a partir dejando lo que un día fue tuyo?
  • @Anadimeana
    Cuidado, ambos disparan a los ojos
  • @Elyzabeet
    Llegas tu/ Después de tanto tiempo/ Me tocan tus palabras, me vuelves tan vulnerable que en un instante me deshago y tu me vuelves a construir
  • @10Diagoxe
    La poesía es oir los cantares que nunca aprendimos
  • @Darkvelvet1
    Y te siento... dedos que han hecho jauría en los pespuntes de mi cuerpo, hilo delicado cayendo
  • @leolemmer
    salir de vos/ es/ deshacer el amor
  • @natalia_cuellor
    El deseo es eso; ver cielo y crear eternidad
  • @richierichito
    Yo que ustedes me cuido. El amor sí existe.
  • @KijoteTuit
    La distancia/ medida/ por las sombras
  • @majaclarkg
    Es una lástima que el tiempo no venga en envase retornable

Raúl González Tuñón (II)

 

   La botella arrojada al mar con un mensaje

 

¿Dónde habrán ido, insólitos, a parar los mensajes

victoriosos o atroces que temblorosas manos

de mujeres perdidas o extraños pasajeros,

capitanes sin brújula y poetas malditos

lanzaron al azar de las ondas fugaces

desde islas sin nombre o viejos transatlánticos?

¿Cuál de ellos llegó a destino, y en qué forma

cambió una vida, un mito, un país, el futuro?

¿Qué cifra misteriosa jamás fue comprendida?

¡Saluden! quienes vean pasar una botella

sobre olas que agitan de pronto los delfines

desde el barco o la costa, y no pueden asirla,

como si fuera esa flor del hielo

y el gran silencio blanco, la novia de los icebergs,

la empecinada edelweiss.

 

Así es de fascinante ver que se nos va un sueño

en busca de quién sabe qué puerto, qué ventana

de qué otra memoria oscura o deslumbrante,

de alguien que está esperando cuando el día se muere.

 

 

   La muerte de la muñeca pintada

 

                  Todo el mundo está siempre tironeando de una.

                           Todos parecen querer un pedazo de una.

                                                             Marilyn Monroe.

 

Todos la tironeaban.

Hollywood le arrancó el pedazo más grande.

Sólo quedaba de ella el corazón

-Un Desolado Corazón-,

la lluvia pródiga de su cabellera,

la última claridad de su mirada

y una calle de infancia y abandono.

 

Construida en la fábrica de sueños

se rompió como un sueño

rodando en pesadilla al césped donde yacen

los gorriones caídos y el verano.

 

Y fue el tocante Réquiem para una Marilyn:

Las extras acunaron la muerte de la estrella

Con un terrible blues de lágrimas oscuras.

 

 

   Bertolt Brecht

 

Agregó tipos y pasiones de hoy

a la increíble, vasta geografía de Shakespeare.

Era dos veces revolucionario:

por poeta y por militante.

Y también la verdad devino en él

como diría el lúcido Stéphane Mallarmé:

la forma popular de la belleza.

 

 

   Rimbaud

 

¿…Pero por qué murió allá en Marsella,

tan cerca de la luz atrevida del muelle,

la Canabiere, la sopa de pescado,

las robustas mujeres de la feria

y el viejo olor que viene de los barcos,

sin confesar dónde enterró a la poesía

-como a un pájaro loco-, en qué baldío,

en qué lámpara pura, en qué ventana,

en qué lluvia crecida con violetas?

Donde el futuro está esperando.

 

 

   Baudelaire

 

Fue profeta: vislumbraba el siglo

en que la acción fuera ‘hermana del sueño’

y reiventó la poesía; una manera

de recordar que el poeta es un hombre

al que a veces agobian la incomprensión, el barro,

el alquiler, la luna.

Pero él fue poeta, inmenso como un río.

Un río puro impuro

que arrastró légamo y estrellas.

 

 

   Walt Whitman

 

Aquí yace un buen viejo Walt.

El gran amante de la tierra.

¡No hagan caso!

Fue una fanfarronada más

del hijo inmortal de Manhattan.

 

 

   El optimismo histórico

 

Yo sé que todo cambia,

que nada se detiene,

ni un árbol se detiene

y aun la piedra es viajera.

La soledad no existe.

Ni la muerte está sola.

Todo lo que es, es lucha.

Soy inmortal, pues paso.

¡Y aun ella se mueve!

En vano os empeñéis

En detener la Historia.

¡Sé que llegará un día!

También lo sabe el sol.

 

 

   Los niños abandonados

 

El río está en la ciudad.

El puente está sobre el río.

Bajo el puente están los granujas.

No se ha hecho nada por ellos.

A la orilla, perros sarnosos,

tristes naranjas, agua oscura,

el cielo gris, las altas nubes,

sobre el puente pasan los carros.

Sobre el puente pasa mi féretro

un triste día, un triste día.

Los granujas se rascan, miran,

y alguien exclama: Ahí va uno.

 

(De “Poesía reunida”, compilación de Eduardo Álvarez Tuñón y Adolfo González Tuñón, prólogo de Jorge Monteleone, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, 2011. Raúl González Tuñón nació en 1905 en Buenos Aires, donde murió en 1974. Entre sus obras más reconocidas se encuentran “El violín del diablo”, de 1926; “Miércoles de ceniza”, 1928; “La calle del Agujero en la Media”, 1930; “Todos bailan”, 1934; “La rosa blindada”, 1936; “Canciones del Tercer Frente”, 1941; “Caprichos de Juancito Caminador”, 1943; y “El rumbo de las islas perdidas”, 1969. Ocupó un lugar muy especial en la poesía argentina porque tomó elementos de dos grandes corrientes de su época, ya que abrazó la llamada poesía social pero explorando renovaciones estéticas. Mantuvo una amistad estrecha con Pablo Neruda, a quien ayudó a crear en Chile la filial de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura, el grupo antifascista surgido de un congreso de escritores en Barcelona, realizado en medio de los bombardeos franquistas. Trabajó intensamente también en medios periodísticos, como lo hacían muchos grandes escritores argentinos en las primeras décadas del siglo XX).

La poesía alcanza para todos - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.