• @CariciaFugaz
    Es como rezar sin creer, cada vez que las plegarias te inundan la garganta y ya no importa de qué lado del infierno estás.
  • @PlaceboAzul
    No poderte tocar me hace renegar de mis propias manos
  • @mendezisabela
    Adivinó mi pulso,/ besó mi miedo roto,/ abrazó mi osamenta,/ acarició mis lienzos.
  • @escribonia
    Todos los amores son necesarios. Todos. Hasta el verdadero.
  • @Elena_Poe
    Hay quienes siguiendo la luz se enamoran del túnel
  • @Nethuns_
    La profundidad de la mirada se adquiere en los abismos a los que hemos tenido que descender
  • @noratxa
    Búscame más allá/ de donde todos crean,/ lejos de la estación del frío,/ perdiendo trenes de ida y vuelta.
  • @escritoenmi
    Hay dagas que acarician y pétalos que arañan
  • @Ginhebra_
    Muerdo la mano que me da de soñar
  • @VianeyToledo
    Escribir para penetrar
  • @Helveticadoce
    La soledad siempre tiene tema de conversación.
  • @la_princesilla
    Olvídame tú, que sabes mentir

Año cortazariano

 

En 2014 se están cumpliendo cien años del nacimiento del escritor Julio Cortázar y cincuenta de la primera edición de su novela “Rayuela”. Están en curso gran cantidad de actividades de recordación de su figura y su obra. Una de ellas se realizó en París, del 21 al 24 de marzo, en el pabellón argentino del Salón del Libro de la capital francesa, donde el país suramericano fue invitado de honor. Esos homenajes incluyeron la presencia de treinta escritores argentinos –que interactuaron con sus pares franceses-, fotografías inéditas, una bitácora de “Rayuela” y cuentos adaptados y reproducidos por historietistas. Así, las obras de Cortázar estuvieron entre las más vendidas en el Salón del Libro parisino. En Buenos Aires, en los días previos y posteriores a los cien años del nacimiento, el 26 de agosto, se ofrecieron debates, conferencias y lecturas. Hubo también ediciones especiales.

  

   Poema

 

Empapado de abejas,

en el viento asediado de vacío

vivo como una rama,

y en medio de enemigos sonrientes

mis manos tejen la leyenda,

crean el mundo espléndido

esta vela tendida.

 

   Happy New Year

 

Mira, no pido mucho,

solamente tu mano, tenerla

como un sapito que duerme así contento.

Necesito esa puerta que me dabas

para entrar a tu mundo, ese trocito

de azúcar verde, de redondo alegre.

¿No me prestas tu mano en esta noche

de fin de año de lechuzas roncas?

No puedes, por razones técnicas. Entonces

la tramo en aire, urdiendo cada dedo,

el durazno sedoso de la palma

y el dorso, ese país de azules árboles.

Así la tomo y la sostengo, como

si de ello dependiera

muchísimo del mundo,

la sucesión de las cuatro estaciones,

el canto de los gallos, el amor de los hombres.

 

   Para leer en forma interrogativa

 

Has visto

verdaderamente has visto

la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa

Has tocado

de verdad has tocado

el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás

Has vivido

como un golpe en la frente

el instante el jadeo la caída la fuga

Has sabido

con cada poro de la piel sabido

que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón

había que tirarlos

había que llorarlos

había que inventarlos otra vez.

 

   Quizá la más querida

 

Me diste la intemperie,

la leve sombra de tu mano

pasando por mi cara.

Me diste el frío, la distancia,

el amargo café de medianoche

entre mesas vacías.

Siempre empezó a llover

en la mitad de la película,

la flor que te llevé tenía

una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías

y que favoreciste la desgracia.

Siempre olvidé el paraguas

antes de ir a buscarte,

el restaurante estaba lleno

y voceaban la guerra en las esquinas.

Fue una letra de tango

para tu indiferente melodía.

 

 

   Milonga

 

Extraño la Cruz del Sur

cuando la sed me hace alzar la cabeza

para beber tu vino negro medianoche.

Y extraño las esquinas con almacenes

dormilones

donde el perfume de la yerba tiembla en la

piel del aire.

Comprender que eso está siempre allá

como un bolsillo donde a cada rato

la mano busca una moneda el cortapluma

el peine

la mano infatigable de una oscura memoria

que recuenta sus muertos.

La Cruz del Sur el mate amargo.

Y las voces de amigos

usándose con otros.

 

 

   After such Pleasures

 

Esta noche, buscando tu boca en

otra boca,

casi creyéndolo, porque así de

ciego es este río

que me tira en mujer y me

sumerge entre sus párpados,

qué tristeza nadar al fin hacia la

orilla del sopor

sabiendo que el placer es ese

esclavo innoble

que acepta las monedas falsas,

las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera

rescatar

ese dolor de Buenos Aires, esa

espera sin pausas ni esperanza.

Solo en mi casa abierta sobre el

puerto

otra vez empezar a quererte,

otra vez encontrarte en el café de

la mañana

sin que tanta cosa irrenunciable

hubiera sucedido.

Y no tener que acordarme de este

olvido que sube

para nada, para borrar del

pizarrón tus muñequitos

y no dejarme más que una

ventana sin estrellas.

 

(De “Salvo el Crepúsculo”, edición definitiva, Biblioteca Cortázar, Alfaguara, Buenos Aires, 2013. Julio Cortázar nació en Bruselas, en 1914, y murió en París, en 1984. Con sus padres argentinos vivió en ese país desde los cuatro años. Cursó el magisterio y se desempeñó como maestro rural. En Buenos Aires publicó el libro de poemas “Presencia”, con el seudónimo de Julio Denis, y “Bestiario”, primera obra de la serie de cuentos. En 1951 se trasladó a París por una beca y se radicó en la capital francesa, trabajando para la UNESCO. Su desarrollo como escritor y su impacto en este campo van de la mano de sus experiencias políticas. Visitó Cuba en los primeros años de la Revolución, acompañó a Salvador Allende cuando asumió la presidencia de Chile, en 1970, y apoyó a la Revolución Sandinista. Sus novelas y cuentos tuvieron más trascendencia que su poesía. La primera edición de “Salvo el Crepúsculo” apareció en 1984, pocos meses después de su muerte, sin que Cortázar llegara a corregir las pruebas de imprenta. La edición definitiva se debe al hallazgo posterior de una serie de correcciones y comentarios hechos por el autor).

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