• @GuonderGuman
    Soy de las que siempre llega tarde al olvido
  • @DestellodeVenus
    Le creo al tiempo, cuando desploma mis alas y escribe entre líneas torcidas
  • @An_Mill
    Pude haberte mirado más de cerca, sentir el palpitar de tus ojos puestos en la luna. Pude haberme llenado de ese dejo, de esa melancolía
  • @Patriciabeda
    Los verbos de la noche me arañan los ojos
  • @SentirPurpuraaa
    Muero al ritmo en que un recuerdo se va, en que un latido grita voces de agonía
  • @andreash1
    En la soledad se impone la amenaza del vacío... Un vertido de amor insatisfecho
  • @SartreNouvelle
    Hay quien se enamora con metáforas para luego olvidar con literalidades
  • @Karemfdbarahona
    La hierba crece donde no yace una memoria debajo
  • @YoSoyCookiee
    Voy llenando mi vida de páginas de espuma abatidas por el acantilado de los sueños, y ahora son arena de la playa del amor hasta el final
  • @Luka_Solic
    Hay silencios sin escuchar
  • @CarlosdePuente
    El amor es la más natural de las estéticas
  • @claularalopez
    Lo intento por todos los miedos

Carlos Juárez Aldazábal

 

   Sufragio

 

Un plebiscito para esculpir el sueño del triunfo,

modelar la pasión con un temblor alcohólico.

 

Celebro la música de las letras unidas,

                                       la convicción,

la empecinada astucia del adverbio,

la reunión del asesino con el caso animal

           que lo motiva

                                 lastimar el papel.

 

Celebro el plebiscito de lo inútil,

por eso la derrota:

                 voy a votar en blanco.

 

Pronto, cuando abran las urnas,

cenizas de mi cuerpo,

de mis letras.

 

 

   Escena

 

Foca de circo.

 

Con su nariz empuja las preguntas,

la pelota de sangre.

 

En el acto final

toca el tambor.

 

Pescados del recuerdo

le crecen en los dientes.

 

 

   Variaciones sobre un tema de Piazzolla

 

   1

 

Las lágrimas llenaron

los vasos del tiempo,

el llanto corrosivo, llanto de tango.

(Ahí está el dolor,

tortuga que camina por la arteria,

caparazón con púas).

 

Si lloro es por el viento:

los álamos se agitan cuando pasa

y yo soy ese piano torcido y esmirriado

al que no toca y de lejos le silba.

 

Clorofílicas, piñones en la hierba,

lágrimas derramándose en vasos,

vasos a los que el tiempo olvida

como el viento

              se olvida de los pinos.

 

 

   2

 

No se trata de llanto.

 

Se trata de ablandar la digestión.

 

La entereza de saberse perdido,

estatua en algún parque.

 

El destino del bronce

con el brillo mojado

             que le ensucia la cara.

 

 

   Los derrotados

 

Algunos perdimos.

Pero no tanto como la sangre

caída en el Bermejo.

No tanto como el Bermejo

con sus peces cansados,

dormidos en la costa.

 

Boca tendida al Occidente.

 

Brújula del miedo.

 

Algunos perdieron

la intención, otros la calma,

pero no tanto como la sangre

caída en el Bermejo

no tanto como el rumbo.

 

Llega hasta el monte el día,

llega el hachero,

llegan los carpinchos y las plumas.

Y la boca tendida comenta la derrota,

que el monte siempre gana:

 

la brújula marcaba el Occidente

y los peces se ahogaron en la tierra.

 

 

   Comúnmente

 

Esta costumbre de vivir con tantos gestos,

con esas expresiones de amanecer nublado,

no es más que consecuencia del oficio.

 

Mis amigos comerciantes

emprenden la jornada adormecidos,

apilando monedas en cajones,

   o mejor dicho,

      tratando de que la muerte se lleve las monedas

      y no la esperanza que los salva del tedio.

 

En el barrio se hace lo posible

por conservar la indiferencia entera,

por eso somos pocos los que nos saludamos.

 

Pasa que el comercio es un mal hábito

y en esta vecindad no hacen otra cosa

que proseguir con esos gestos

                   que les nublan,

                                   para colmo,

          la poca humanidad que por ahí les amanece.

 

 

(De “Las visitas de siempre. Poesía reunida, 1996 - 2007”, colección Poesía fuera de serie, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2014. Carlos Juárez Aldazábal nació en Salta, norte de Argentina, en 1974. Esta antología toma poemas de los libros ya editados “La soberbia del monje”, de 1996; “Por qué queremos ser Quevedo”, de 1999; y “El caserío”, de 2007. Los poemas publicados más arriba corresponden a estas obras, y los que siguen estaban inéditos en libro convencional. Juárez Aldazábal fue incluido en varias antologías y poemas suyos fueron traducidos al árabe, inglés e italiano. Recibió varios premios y reconocimientos, entre ellos el primer premio del Fondo Nacional de las Artes de su país, por su ensayo “El aire estaba quieto. Cultura popular y música folclórica”. Coordina el espacio Juan L. Ortiz en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, de Buenos Aires).

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