Poesía surrealista americana
FRANCISCO MADARIAGA
I
Tengo ganas de leer algo hoy.
Me sangra la poesía por la boca.
Yo era un estudiante y me adoraba la naturaleza,
pero estaba olvidado,
me hería la plenitud del universo,
y ahora te sacudo a ti, monte de cabellos rojos,
tierras paradas en aguardiente correntino,
grandes balsas de agua alojadas en la boca.
el pavor es celeste, el líquido terreno es fuego,
los pavos reales han sido capados por el sol,
y yo ando por la siesta:
provocador de las grandes fuentes sombrías,
alojado en la voluntad animal.
2
¿Donde pedir auxilio sino en la Tierra?
El mar es un cantor inseparable.
Pero tú tienes también llamaradas acuáticas, Tierra.
¡Acuarelas para quién sabe qué candor!
Yo soy un niño y nadie me podrá recibir,
pero tengo coraje
y ese nativo puro que arroja los paisajes por la nariz.
Tengo un collar para todo lo que arde.
3
¿El alba guaraní gime en mi memoria?
¡Oh francés degollado por las aguas!
en las ex bocas de las putas celestes del paisaje desprendido.
Sin duda nadie cuida de mi memoria,
ni le selecciona parajes ardientes.
Nadie utiliza mi falta de elegancia
cuando expiro con la leche de las frondas sedientas.
Yo no quiero cantar países natales,
sino medallas de carne de sol,
telas de la naturaleza,
conciertos de las tumbas salvajes,
hijas de la ternura natural.
ALDO PELLEGRINI
Noche de amor
Por el camino recorrido tan largo
hasta que mis dedos rozaron tu piel desesperada
yo te vi húmeda de estremecimientos
allí donde nacen los basiliscos de la fría distancia
ahora adhieres a una presencia
que encierra la azorada multitud de tus deseos
mientras tu mirada vaga por la ciudad sin rostro
junto a los perros que orinan y al saltimbanqui ciego
envuelta en tu blandura estremecida
no huyas ansiosamente
no abandones el reguero ardiente de hormigas
no turbes esta noche sembrada de ramas
donde habita el único sueño
que alimenta a todos los hombres
detrás de esa inmensa fuga
tu desnudez
flota como una nave.
Sobre las diversas formas del placer
Un trozo de papel
un árbol que camina al encuentro de la mirada
una inscripción en el seno de una virgen
un gesto de desprecio que licúa los rostros
una tapia sembrada de ojos fosforescentes
una mano que corre las cortinas
un niño que orina en el extremo de una calle
un cortejo fúnebre
un perro que persigue espejos
una mosca misántropa
una injuria perdida en la noche
una mujer que despierta y llama a su hijo
y un hijo que no existe
son todos objetos dispuestos para excitar el deseo
cuando se abre la puerta la casa está vacía
en la iglesia las ratas escuchan la letanía
dad más sed al sediento
dad más hambre al hambriento
oh ya es demasiado, ya he tocado el ala
ya he tocado el vuelo y la nube y la lluvia
no se puede avanzar más
por el camino de la voluptuosidad.
JORGE GAITÁN DURÁN
Amantes
Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
desconocidos que se estrechan a tientas,
cicatrices con que el rencoroso deseo
señala a los que sin descanso se aman:
el tedio, la sospecha que invencible nos ata
en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
el abrazo que en el mundo son los que se aman
mil veces morimos cada día.
Amantes II
Desnudos afrentamos el cuerpo
como dos ángeles equivocados,
como dos soles rojos en un bosque oscuro,
como dos vampiros al alzarse el día,
labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
boca que busca la boca, estatuas erguidas
que en la piedra inventan el beso
sólo para que un relámpago de sangres juntas
cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
sentados como dioses ebrios
para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
en tu cuerpo soy el incendio del ser.
(Todos los poemas precedentes y los que siguen en esta selección son tomados de "Un nuevo continente, Antología del surrealismo en la poesía de nuestra América", con selección, proyecto editorial, estudio introductorio y notas de Floriano Martins. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2007. Francisco Madariaga fue un poeta argentino, nacido en 1927 y muerto en 2000. Vivió su infancia y parte de la adolescencia en la provincia argentina de Corrientes, lo que marca su vinculación con la naturaleza y con la cultura y el idioma guaraní. Comenzó a publicar poesía en 1954, con "El pequeño patíbulo". Figura en gran cantidad de antologías de su país y del exterior. Recibió numerosos premios, entre ellos el Nacional de Poesía. Aldo Pellegrini nació en Rosario, Argentina, en 1903, y murió en esa misma ciudad, en 1973. Es considerado co-fundador en su país del primer grupo surrealista de Suramérica. Comenzó a publicar poesía en 1949, con "El muro secreto". También fue dramaturgo y ensayista. Jorge Gaitán Durán nació en 1924 en Pamplona, Norte de Santander, Colombia, y murió en Francia, en 1942. Comenzó a publicar poesía en 1946, con "Insistencia en la tristeza". También escribió en prosa, fue autor de la ópera "Los hampones", con música de Luis Antonio Escobar, y se desempeñó como crítico de literatura y cine).
