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Hernández: la poesía chilena se enfrenta a palabras "gastadas"

La poesía chilena está en una suerte de "nebulosa", que tiene orígenes diversos y complejos. Tras haber atravesado períodos de ruptura con grandes legados, el de Pablo Neruda entre ellos, transita en un país donde las palabras sufren cierta desvalorización y parecen "gastadas", afirma Elvira Hernández.

 

   En un proceso en el que se fue desprendiendo de musicalidad y del recurso de la metáfora, al menos una parte de la poesía chilena usa las palabras de manera que queden "como una estructura metálica", agregó.

   En presentaciones que realizó entre el 8 y 15 de julio en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y en un diálogo con La Poesía Alcanza, Elvira Hernández expresó admiración por el ámbito conversacional  que la poesía logra en este encuentro de la ciudad colombiana, en contraste con lo que sucede en Chile y en otros países.

   La poeta nació en Lebu, provincia de Arauco, en 1951. Publicó “Arre, Halley, Arre”; “Meditaciones físicas por un hombre que se fue”; “Carta de Viaje”; “El orden de los días”; “Seña de mano para Giorgio de Chirico”, “La Bandera de Chile”; “Álbum de Valparaíso”; “Cuaderno de Deportes” y “Un fantasma recorre el mundo”.  Poemas suyos están incluidos en antologías chilenas e internacionales. En 1989 editó la antología ilustrada de poesía chilena “Cartas al Azar”.

   Lo que le impactó del Festival de Medellín es "el contacto de la poesía con la gente de la calle, que se siente de alguna manera imantada por las palabras, las sigue, está pendiente, hay como una inflexión hacia la palabra de los poetas".

   Eso no sucede en Chile en parte por el clima. "La gente está mucho dentro de las casas, enciende la televisión, eso los ha capturado, y entonces las actividades al aire libre son mínimas. Luego, creo que tenemos menos capacidad para concentrarnos, dentro del tráfago ruidoso, hay menos de esa capacidad, y está siempre el deseo de volver al interior y protegerse con la televisión. Es grave".

   Agregó que "las palabras se van gastando, naturalmente, y finalmente llegan a una crisis de sentido, donde por ejemplo cambio no dice nada, no logra entusiasmar. Siento que ahí hace falta otra palabra, porque esa palabra ya se gastó, ya se prostituyó. Pero ese es un proceso social, no es un asunto de voluntarismo. Hay un momento en que las palabras salen, no se sabe nunca de dónde, y cobran fuerza, y eso entusiasma. Yo siento que la poesía, en su fórmula de desestructurar, de triturar cierto clichés verbales, se acerca".

   No obstante, advirtió que "estamos en un momento difícil. Los momentos difíciles no solamente son de confrontación armada, son también de desidia, son culturales".

   La Poesía Alcanza le mencionó que el Festival de Medellín mostró a gran cantidad de poetas colombianos enfocados en la perspectiva de paz, que resulta una motivación compartida para la escritura, y le preguntó si imagina que en Chile puede haber una motivación poderosa como esa.

   Elvira Hernández dijo que un eje así "hay que encontrarlo".

   "Hubo un momento en que sí confluimos, que nos reunimos mucho, que fue la búsqueda de la democracia, donde hubo todo tipo de una poesía instantánea, y que se consumió en ese minuto, y que ese era su tiempo, no es algo que se haya conservado. Otra tenía más elaboración… En fin, surgió una instancia creativa que fue de muy diversa índole, pero justamente motivada por ese deseo de acceder a hacer un camino de conquistas democráticas".

   Pero ahora, continuó, "estamos en un período de mucha nebulosa, y que tiene que ver con que las palabras, como digo, son como una suerte de hojarasca, que no te dicen mayormente nada. Y eso hace que no haya mayor interés, que no se sienta que nosotros construimos nuestro autogobierno. Estamos alejados de ese punto".

   En una conferencia que dio durante el festival colombiano, Hernández marcó a grandes rasgos ciertos períodos de la poesía chilena, el que fue marcado por Pablo Neruda y luego la revisión de ese tono y ese lenguaje, a la búsqueda de nuevas formas.

   Sobre esa referencia, la autora dijo que la poesía chilena "se fue desprendiendo de una suerte de musicalidad, se fue desprendiendo de la metáfora, se fue desprendiendo de todo lo que pudo desprenderse. Se llegó a un punto, en una suerte de interpretación de Mallarmé (Stéphane, el poeta y crítico francés, 1842-1898, NDR), de poner palabras que no logren articularse completamente, y que sean como estructuras metálicas a la vista, en una construcción. Metálica, una cosa metálica".

   Luego de ese punto, "ahora está en otro lugar, donde el peso de la tradición ya no importa".

   En este período, opinó, hay un factor para tomar en cuenta. Dijo: "La música era algo que no estaba contemplado como una suerte de herencia que pudiera registrarse en la página. Y ahora se ha entrado a ese mundo. Hay muchos poetas que son también músicos, son compositores, trabajan en ese ámbito. Y eso está teniendo una incidencia dentro de la poesía. Y eso es porque la línea de Pablo Neruda, de Huidobro, de los surrealistas de escuela y de Nicanor Parra, tienen una presencia menos gravosa para el poeta. Entonces se sienten con una mayor libertad en su búsqueda, el lugar en que situarse".

   Simultáneamente, la poesía está rodeada por un ambiente social y político de extrema cautela, de cierta falta de fuerza en las expresiones, que parecen reparar más en la corrección de las formas que en la profundidad de los contenidos. "Ese eclecticismo, ese temor, es frente a lo que nos ocurre, y no nos atrevemos a decir lo que nos está ocurriendo, tenemos miedo a darle nombre a eso. Nosotros somos un país que estamos siempre hablando del futuro. No queremos hablar del pasado, ni del presente, siempre hablamos del futuro, como aplicando un escalpelo, pero cortamos mal".

   Según Hernández, se afirma contínuamente que "el pasado ya pasó, pasó, pasó. El presente también se aísla y rápidamente se conecta con el futuro. Siempre estamos en un lugar que no se va a corporizar, por supuesto. Entonces, esa ubicación temporal es para no tener que decir nada. Pretendemos que el pasado ya lo superamos. Y en este momento, si hay algo que nos inquiete, pues esperemos, porque esto pasará y el futuro que nos espera es floreciente. El momento pasa muy rápido. Pero es un temor, un temor de afrontar".

   Ese cuidado extremo, continuó, equivale a decir "bueno, yo no voy a romper la forma, no me voy a salir de madre ni voy a hacer acusaciones, no voy a develar, entonces, no te sientas amenazado ni me amenaces a mí. Es una situación bien difícil. Y esto eso ha pasado a nuestro ADN, ya es nuestra idiosincrasia. Eso se percibe, nos hace temerosos, nos vuelve más hacia adentro. Cuesta ponernos en una situación diferente".

   Sobre si al momento de escribir abre un espacio a su interioridad o se siente atravesada por el contexto, tal como lo describe, Hernández dijo: "Yo me siento siempre en esa relación, me siento constantemente traspasada por lo que está ocurriendo. En el momento en que llego al papel es por una detonación emocional que siempre tiene que ver con algo circundante o con una circunstancia".

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