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El recurso digital ayuda a difundir a poetas jóvenes, dice el colombiano Montoya Guiral

El formato digital de publicación de poesía favorece notablemente a los autores jóvenes, que sin él tendrían más dificultades para darse a conocer, dice el colombiano Albeiro Montoya Guiral. Poeta, editor y docente, afronta los desafíos de la difusión virtual a sabiendas de que hay una tensión entre la palabra estampada en el papel y la que aparece en la pantalla.

 

   Nacido en Santa Rosa de Cabal, Risaralda, en 1986, y con no pocos esfuerzos dedicados a la actividad poética en redes, Albeiro Montoya Guiral declara “nostalgia” por la publicación impresa convencional, y por eso la revista digital que dirige, Literariedad, se volcó también a la esforzada aparición en papel.

   El poeta es licenciado en Español y Literatura en la Universidad Tecnológica de Pereira, y magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia en la especialización Poesía. Es autor de una investigación sobre los poetas Carlos Héctor Trejos y Orlando Sierra Hernández titulada “Poesía de la muerte y muerte de la poesía”, que realizó para el Portal Literario del Eje Cafetero.

   Además de ser publicado en revistas electrónicas de Argentina y Chile, poemas suyos fueron incluidos en la muestra de poesía colombo-peruana “En tierras del cóndor”, en 2014. Además de Literariedad, dirige la sección Poesía Americana Contemporánea de la plataforma cultural española La Torre de Montaigne.

 

    Publicar en papel y en formato digital

 

   En diálogo con La Poesía Alcanza, ante la publicación en papel de Literariedad tras cuatro años de labor en formato digital, Montoya Guiral declaró que “existe tensión entre publicar poesía en papel y de manera digital”.

   “Para nosotros ha sido complicado solucionarla o pasarla por alto, porque nuestra edición en papel apenas salió, y nosotros publicamos algunas selecciones que habíamos publicado en la versión digital, más otros poemas inéditos, de poetas jóvenes, que trabajan curiosamente en otras revistas virtuales en Colombia, ‘Otro Páramo’ y ‘La Raíz Invertida’”.

   Así, fueron al papel poemas que habían sido incluidos en la pantalla.

   Fue entonces cuando dijo que “lo virtual le ha abierto muchísimas puertas a los poetas jóvenes y a la vez dio a conocer la obra de poetas consagrados en muchísimas partes del mundo. Entonces es una muy buena apuesta, y yo creo que hay que seguir acercándose. Por otro lado, somos muy nostálgicos de las ediciones en papel y por eso quisimos sacar Literariedad en papel, publicamos cuento, ensayo y selecciones de poesía. Vamos a hacer todo lo posible para seguir. Lo que sí sabemos es que la edición digital va a seguir funcionando por mucho tiempo, apostándole a la poesía”.

   Apelando a su condición de poeta, se le preguntó si hay un condicionamiento cuando se escribe pensando en una u otro formato de publicación.

   “El poeta es quien escoge, pero si nos pusiéramos a pensar en escribir para la pantalla yo creo que habría muchas condiciones. A nosotros nos ha pasado, en Literariedad, que nos envían caligramas, o nos envían poemas con unas formas por decir así muy juguetonas, versos alineados a la derecha, otros centrados, mezcla de poema caligramático y de poema tradicional. Y los formatos de las revistas digitales no admiten estas formas, mayormente siempre nos van a quedar alineados a la izquierda, y eso a los poetas les molesta. Nos han reprochado por ello, por no publicar con la forma original”.

   Entonces, continuó, en la versión digital llega como editor a prescindir de algunos textos “muy buenos”, porque “no somos capaces de publicarlos con la forma que traen”.

   En suma, “publicar en papel siempre va a admitir todas las formas, todos los estilos, y creo que si uno piensa el poema como lo han pensado los poetas de la era sin internet, creo que va a ser mejor, porque va a dar una amplitud de posibilidades. Pensarlos para la pantalla sí significa una restricción, pero siempre tiene que ser el poeta el que escoja”.

 

   Qué hacer con los lectores fugaces de internet

 

   El poeta y editor coincidió con la afirmación según la cual los lectores de internet son más fugaces, tendientes a permanecer poco tiempo ante una misma pantalla, en busca de algo atractivo o de impacto. Por ello La Poesía Alcanza le preguntó si cuando publica en su revista toma en cuenta esa condición, si ella determina sus decisiones, o si en cambio publica “a como dé lugar”.

   Respondió: “Que sea lo que dios quiera... Uno como editor digital no puede negar que desea que lo lean, que lean su sitio. Nosotros por ejemplo no vendemos publicidad, no nos pagan por visitas. Nosotros queremos que nos lean pero por nuestros contenidos, no por ganar dinero, porque no hay ganancia alguna. Uno no puede negar eso. Sin embargo, nosotros editamos la poesía pensando en compartir, sobre todo pensando en poetas jóvenes, como uno mismo, para que los lean en otras partes”.

    Así, “el único ‘gancho’ en el que nosotros creemos, pero esto puede ser un poco iluso, es que pensamos en la calidad. En lo que nosotros nos gusta, por eso digo que puede ser iluso, porque eso es muy relativo. Pero nosotros publicamos si sentimos un poema; si lo sentimos es porque tiene calidad, y entonces lo publicamos. Y creo que el único ‘gancho’ que utilizamos es que en cada edición, y eso sí es consciente, vaya un poeta consagrado”.

   El recurso es que, si se publican por ejemplo tres poetas, que uno de ellos sea “consagrado”, porque “eso ayuda a que los jóvenes sean leídos. Porque si va el poeta consagrado muchos lectores llegarán por él. Nos ha sucedido que algunos lectores llegaron a la edición porque contenía un gran poeta pero al final no lo leían tanto a él. Pensamos en ese ‘gancho’, pensamos en la calidad, pero no sabemos a ciencia cierta qué es la calidad en poesía, es algo que sentimos”.

 

   La poesía y la paz en Colombia

 

   A propósito del Festival de Medellín, realizado en julio, en el que primaron actividades tendientes a respaldar el proyecto de paz en Colombia, Montoya Guiral dijo que “hay una inclinación o una tendencia últimamente de los poetas por acercarse a los temas de la memoria y de apoyar el proceso de paz. Se ha notado ampliamente en el país”.

   “Eso se debe –continuó- a que la mayoría de los colombianos ha vivido esa guerra que se está terminando. Son 50 años, y más. Y si pensamos que esa guerra fue producto de otra guerra que ya venía... Y si pensamos en que hubo dos o tres procesos de paz interrumpidos, traicionados por el gobierno... Y que hubo grupos que intentaron sentarse y a los cuales no les han respetado las condiciones… Entonces con nosotros los colombianos han jugado mucho, nos han puesto la paz como algo inalcanzable”.

   Así las cosas, explicó el poeta, “se puede coincidir en que esta no es una paz total, pero también creo que el hecho de que las FARC terminen sí significa muchísimo para los colombianos. Porque a ellas el gobierno, aparte de enfrentarlas, las utilizó como escudo para decirnos  que eran el único problema que había en el país. Y sabemos que hay paramilitarismo y que hay delincuencia, y falta de educación, falta de apoyo a la cultura. Y todo eso hizo que el país esté tan mal”.

   Colombia está muy mal, insistió, y el proceso con las FARC “no nos trae la paz total, pero al menos nos da un descanso, una especie de sensación de una suerte de victoria ciudadana, al menos por una vez. Porque para nosotros votar no significa nunca acercarnos a una mínima victoria ciudadana. Porque sabemos que los candidatos de la izquierda, los candidatos que proponen una cercanía hacia lo cultural y lo ciudadano, no van a ganar”.

   Por todo esto es que “los poetas han sido partícipes de todo este proceso de paz y en su poesía se ha visto reflejada esa ansiedad por apoyarlo, por sentar una posición”.

   En lo personal, explicó, rechaza que deba haber una posición política en los poetas, “o que los poetas deban ser militantes como Miguel Hernández, que es un poeta al que admiro y que estuvo en las trincheras y murió a causa de la Guerra Civil. Pero yo creo que el mero hecho de escribir poesía es ya una posición política muy fuerte, sobre todo en los países violentos”.

   “La poesía que hago, que he intentado hacer, es pensando en la memoria, en la memoria campesina, porque mis abuelos y mis padres eran campesinos y han perdido tierras por la violencia. Y sé que muchos poetas han vivido de frente a la violencia o han sido víctimas directas, y por eso han escrito. Y otros han sentido la necesidad de solidarizarse con las víctimas. Yo creo que cualquier persona sensata apoyaría la paz, que haya un grupo armado menos en un país”.

   Sobre su condición de docente universitario en lenguas modernas, relató que uno de los poetas con los que más trabaja es el argentino Jorge Luis Borges, “sobre todo por los ensayos”.

   “Les enseño a escribir enseñándoles a leer, y siempre les digo que el mejor taller de escritura es la lectura, así que miramos la estructura y desarrollamos asimismo nuestra estructura, vemos la forma de la reseña, la manera de citar. Otro poeta que leo mucho con los estudiantes es Aurelio Arturo”, así como José Asunción Silva y Porfirio Barba Jacob.

   A través de la poesía, explicó, “uno se entera de la historia colombiana. Quiero que entiendan que leer poesía es también conocer a la sociedad. También enseño a leer poesía, no a escribirla, y tengo ahora un semillero en literatura colombiana donde estamos trabajando con las poetas colombianas, las que considero fundamentales, algunas de ellas censuradas en su época”.

 

 

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