• @xaviermaples
    crepúsculo: el grito del viento se dobla penetrado ya por el silencio
  • @martamj32
    Para penitencia, no cometer el pecado
  • @La__Ella
    Dejaría todo cuanto he perdido por alcanzar lo que me falta por perder
  • @ellemiroir
    Más que saber dónde brotar, saber cómo enraizarse
  • @PinaDuncan
    Todo riesgo esconde, al menos, un aprendizaje y una belleza
  • @soniamude
    Se hizo piel de mis desnudos
  • @LunaPara2
    Hay lugares de donde salgo vestida de nostalgia y con la brújula rota
  • @_vaniailed7
    Es época de repartirnos el frío entre las miradas
  • @ireneparrita
    Leer con los dedos tu piel encendida hasta quemarme
  • @VersoFinito
    Te quiero/ desnuda de palabras/ vestida de silencio/ en la alta pena de mi aliento
  • @danielatome
    Bajar las luces, soplar la música y desvanecerme, suave, como las horas
  • @stainfed
    A pleno sol recorrer los pasos del tiempo

Hubert Matiúwàa, tlapaneco: poesía en la mesa, para compartir

La palabra “se pone en la mesa” para que sea compartida, y en especial si se refiere a la violencia que padecen los pueblos originarios de Guerrero, donde vienen creciendo las desapariciones, afirma el poeta Hubert Matiúwàa, flamante ganador del Premio Literaturas Indígenas de América. Dedicó el reconocimiento a los niños que nacen en La Montaña, con la esperanza de que sean portadores de la voz de su pueblo.

 

   El poeta en lengua mépháá (tlapaneco), expuso a comienzos de septiembre durante un encuentro en el Museo Nacional de Culturas Populares, y además fue entrevistado por varios medios mexicanos, ante los cuales expresó la situación de violencia que padece su pueblo.

   “Las sombrereras de Tsítsídiin” es la obra con la que Hubert Matiúwàa, originario de Malinaltepec, obtuvo el Premio Literaturas Indígenas de América 2017. Suma este reconocimiento al Primer Premio en Lenguas Originarias Cenzontle 2016.

   El poeta declaró a Quadratin que el libro está compuesto por cincuenta poemas en la que voces diferenciadas cuentan la historia de un pueblo en la región de La Montaña. El título, agregó, refiere a la onomatopeya de un pájaro que anuncia la lluvia. Son poemas que, agregó, “hablan de la trata de personas y de la violencia que sufren las mujeres indígenas de todo México, un tema del que no me gustaría hablar pero que creo es necesario dar a conocer”.

   Sobre el mismo tema, declaró a Aristegui Noticias que su libro refiere a que en su familia “ha habido personas que desaparecieron sin dejar rastro. Siempre había querido hablar de ello. En la región de La Montaña de Guerrero, de donde soy, es algo cotidiano que se lleven a mujeres y niñas para la trata de personas. Los indígenas son el sector de la población más vulnerable para este tipo de cosas. Ambos factores me llevaron a escribirlo”.

   “Me tocó vivir una época donde la violencia se ha exacerbado en la región y me resulta inevitable hablar de esto, porque es algo cotidiano. La violación de los derechos humanos se ha generalizado en las zonas de los pueblos donde se habla alguna lengua indígena”, insistió.

   Ante otra pregunta, expresó que “durante mucho tiempo, a quienes hablamos un idioma distinto al español se nos negó expresarnos y hacer sentir la injusticia en nuestra lengua. Nuestra indignación tenía que ser expresada en español. Para que nos escucharan teníamos que aprender otro idioma. Es necesario que con nuestra lengua materna expresemos nuestro sentir, es con la que aprendimos a llorar y a manifestar la alegría. La realidad es que hay pocos espacios para publicar en lenguas que no sean el español”.

   Se están por cumplir tres años, le recordó Aristegui Noticias, de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, sobre lo cual el poeta dijo que esas acciones de violencia, “en lugar de solucionarse, se han agravado”.

   “Hay más violencia y por respuesta tenemos el cinismo de un Estado que se niega a hacer justicia. Al año de la desaparición de los compañeros de Ayotzinapa hicieron un operativo en Tlapa de Comonfort que dejó como resultado el asesinato de nuestro compañero Antonio Vivar Díaz, un estudiante de la UPN que se había involucrado en las protestas. Después de esto ha habido todavía más muertos, represión y presencia de militares en la región de La Montaña, y no sólo eso, también tenemos grupos paramilitares. El narcotráfico ha desplazado comunidades y arrebatado tierras. Ya no hay tranquilidad, estamos en un tiempo donde la violencia nos está deshumanizando”.

   En ese contexto, agregó, la poesía “es una forma de expresión para contar una situación. Tiene una estética y propuesta propia. Necesitamos crear comunidad ante la violencia”.

 

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