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Vallejo mostró "el poder revelador de la creatividad", afirma la poeta peruana Denisse Vega Farfán

César Vallejo es una "fortuna" para los poetas peruanos, pero su omnipresencia puede convertirse a la vez en un peligro, porque "te sopla siempre en la nuca" y, al escribir, es difícil resistirse a apelar a "algún giro vallejiano". Son palabras de Denisse Vega Farfán, poeta que dice además que en su país se trabaja dificultosamente en superar la obra de destrucción del fujimorismo sobre la cultura.

 

   Está convencida del "poder transformador" del arte, y en cuanto a los poemas en particular les aplica un sistema personal de clasificación. Dice: "Hay poemas malos, hay poemas buenos, y hay poemas poderosos. Yo intento escribir poemas poderosos. Esos son los poemas que valen la pena. Porque hay poemas muy correctos, que suenan bien, pero les falta una eclosión".

   Denisse Vega Farfán nació en Trujillo, norte de Perú, en 1986.  Publicó “Una morada tras los reinos”, “El primer asombro” y la plaqueta “Hippocampus”, en Uruguay. Poemas suyos están incluidos en antologías de su país y de Colombia, Chile y México. Fue traducida al alemán, chino, francés, inglés e italiano.

   La Poesía Alcanza le preguntó si, al momento de escribir, debe hacer un esfuerzo adicional para salir de la luz y la sombra de César Vallejo. "Mi primera gran escuela poética fue la peruana, afortunadamente. Creo que como en varios países de Latinoamérica, tenemos una buena tradición de poetas, y las primeras lecciones que yo tomé fueron de los poetas peruanos, y en particular de Vallejo".

   Tras atribuirle a esa presencia un doble efecto, como "fortuna" y "peligro", explicó que "cuando uno tiene cierto trayecto escrito, y puede editar sus libros, y va encontrándose más a sí mismo, ya puede delimitar más su territorio, pero no por eso deja de visitar o de conectarse con esos autores titulares que te han acompañado en un inicio".

   Así, continuó, "Vallejo para mi es importantísimo, en primer lugar por la idea del poder revelador de la creatividad, de no encontrar límites en la academia para subvertir el lenguaje, tratarlo como un elemento plástico y empoderarlo, y eso más allá de que en su contexto y en su tiempo eso sea aceptable o no".

   "Entonces, cuando yo quiero tomar un riesgo, siento que puedo ir por ese camino, Vallejo es muy inspirador en ese sentido. Así en este momento no sea muy aceptable lo que vaya a hacer, pienso que en algún momento lo será".

   A propósito del Festival de Medellín, de cuya edición en julio participó, dijo que ese encuentro le dejó "una conciencia muy poderosa sobre el poder transformador del arte, en diferentes aspectos, en tanto potencial del ser humano de desarrollar sus aptitudes, y eso lo he podido comprobar en el taller que he podido dictar: mucha gente con actitud, con curiosidad hacia las letras, hacia la revalorización de la palabra, más allá de cómo se ha mercantilizado en diversos ámbitos, sobre todo por ejemplo en el político, donde la palabra parece valer cada vez menos".

   "Siempre soñé con venir al Festival, siquiera como espectadora, porque siempre me comentaban que es un fenómeno muy interesante, muy plural, muy inclusivo. Y el hecho de que me hayan invitado como autora ha sido un gran honor y una gran experiencia", completó.

 

   La herencia maldita

   Ante otra pregunta, la poeta habló del daño causado a la cultura peruana por el fujimorismo, el movimiento encabezado por el ex presidente Alberto Fujimori, quien "defenestró a la cultura, defenestró a los libros, echó abajo a la educación, echó abajo la figura del intelectual y el escritor, incluso al escritor e intelectual como líder de opinión que antes era tenido en cuenta. Llenó nuestro contexto, como se dice, de basura chicha, como se le llama allá, con periódicos con lenguajes vulgares, con tópicos de espectáculos, aparecieron los 'talk-show' en la televisión, toda una serie de armamento para que la gente no se preocupara de los asuntos que importaban".

   Esa cultura de la frivolidad "ha calado muy hondo en el Perú", aunque están en curso esfuerzos para revertir el daño. "Es cierto que por ese contexto es difícil convocar a la gente masivamente, pero también digo, con el gran amigo y maestro Arturo Corcuera, que no se puede vender, por decirlo así, lo que no se ofrece, lo que no se difunde".

   El gobierno no está haciendo aportes significativos para la poesía. "Lo vemos por ejemplo en las ferias del libro, donde mayormente participan puros narradores. Yo no tengo nada contra los narradores, pero hace falta más pluralidad".

   Cobran entonces importancia, prosiguió la poeta, actividades más descentralizadas, que salgan de Lima. Mencionó como ejemplo el Hay Festival, el encuentro de poesía de Trujillo y la Feria del Libro, otras actividades similares en Arequipa y la Caravana de Poesía, que recorre varios puntos del país.

   "Digamos que se están abriendo varios espacios y poco a poco se trata de llegar a los espacios públicos, donde la gente más necesita la poesía. La idea es seguir contagiando con la palabra. Y derribar viejos mitos, como los que se suelen oir, por ejemplo que la poesía no se entiende o que la poesía es muy elitista, y eso es completamente mentira".

    La Poesía Alcanza le mencionó la presencia activa de la poesía colombiana en la hora que vive el país, con la expectativa de un proyecto de paz, y le preguntó si el conflicto interno peruano generó, en su momento, algo similar.

   Vega Farfán dijo que hubo muchos autores que trataron ese tema de manera explícita, directa, "al calor de los acontecimientos en los años 80", y luego otras corrientes como la llamada "poesía del cuerpo", con varias autoras que buscaron "reivindicar el espacio de la mujer".

   Esa corriente, continuó, tuvo su importancia. "Hay que decirlo: en estos conflictos armados la mujer es la mayor víctima, la que es violada, la que es utilizada, es una de las víctimas principales, junto con los niños".

   Respecto de la supremacía machista también en las letras, y en particular en la poesía, la poeta de Trujillo dijo que en lo personal no tiene acontecimientos que mencionar, aunque "sí he apreciado muchas veces que hay puras mesas de hombres, o conversatorios de puros varones, o salen encuestas a escritores y son todos hombres, y narradores toditos. Yo diría que no hay tanta inclusión de mujeres, pero poco a poco se van abriendo espacios".

   Por último, La Poesía Alcanza le mencionó uno de sus versos: "el poema ocupa mi espacio, que ya no es propio”, sobre el cual dijo: "Quise hacer un arte poética, planteando la idea del poema como un ente vivo, que se basta a sí mismo, independientemente del poeta. Como que la poesía se sirve del poeta, que es su herramienta, para darse a luz. Y el poema, cuando llega a ser muy bueno, se basta a sí mismo. De hecho, a veces recordamos versos o poemas, pero no recordamos al autor. Quiere decir que el poema pudo sobrevivir".

 

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