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El poeta que renuncia al fútbol

El poeta colombiano Albeiro Montoya Guiral anunció públicamente que renuncia a su condición de hincha de la selección de su país. A pesar del viejo romance entre fútbol y poesía, se declara desencantado con la indiferencia de los jugadores ante el proyecto de paz en Colombia, y pone como contraste la acción de Didier Drogba, de Costa de Marfil, quien en 2005 aprovechó la clasificación al Mundial para clamar contra la guerra.

 

   Esperó, en vano, que los seleccionados colombianos se pronunciaran por el sí en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 sobre el acuerdo de paz entre el gobierno y las entonces Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la que triunfó el rechazo impulsado por los sectores ultraconservadores y militaristas encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe.

   A esto se suma “el hecho de que el fútbol pone en evidencia lo peor de nosotros: la violencia, la irracionalidad, el poder justificado en la rivalidad, la enfermiza y deplorable xenofobia y el machismo”.

   “Entrego la camiseta de mi fanatismo”, dice, asumiéndose como “parte del equipo de los cojos de espíritu”.

   Albeiro Montoya Guiral, poeta, docente universitario y director de la revista Literariedad, anuncia esta decisión personal en una nota en el diario El Espectador, en la que realiza un ilustrado recorrido por pronunciamientos sobre el fútbol de varios escritores e intelectuales.

   Cuando en el Mundial de Brasil, en 2014, Colombia derrotó a Uruguay, sintió deseos de escribir “una defensa apasionada del fútbol”, tras dar con “las ideas envenenadas de Jorge Luis Borges, en las que dejaba claro que no le encontraba a este deporte nada que valiera la pena”.

   El escritor argentino decía: “Detesto el fútbol, es un juego brutal que no requiere un coraje especial porque nadie se juega la vida”.

   Ante el gol de volea de James Rodríguez en el Maracaná, sigue el poeta colombiano, nacido en Santa Rosa de Cabal, Risaralda, en 1986, “quería escribir tal apología pensando en el caso conocido de Albert Camus, guardameta destacado del Racing Universitario de Argel, quien decía haber aprendido en el fútbol todo cuanto sabía sobre la moral y las obligaciones de las personas y quien, en Estocolmo, en la recepción del Premio Nobel de Literatura que le otorgaron con tanta justicia, aseguró que el más grande logro de su vida había sido marcar un gol de tiro libre cuando su equipo perdía uno por cero, faltando cinco minutos para el fin del partido”.

   Y deseaba apelar también al cineasta y poeta italiano Pier Paolo Pasolini, de quien evoca lo que escribió en un ensayo: “El fútbol es un sistema de signos, o sea, un lenguaje. Tiene todas las características fundamentales del lenguaje por excelencia, al que nosotros nos hemos remitido como término de comparación, esto es, el lenguaje escrito-hablado”.

   Tras aclarar que su renuncia al “fanatismo futbolero” no tiene relación alguna con la derrota de la selección de Colombia ante la de Paraguay, por las eliminatorias del Mundial de Rusia, el 5 de octubre, Montoya Guiral explica que su decepción con el fútbol y con la selección “empezó en las vísperas del 2 de octubre de 2016, el día en que como país perdimos el partido más importante de los últimos años: el partido contra la ignorancia, contra el cinismo y la violencia. Mientras duraron las campañas por el Sí y por el No, día tras día, esperé el pronunciamiento de alguno de los jugadores acerca del plebiscito. Quería confirmar si en nuestro país, también de ellos, iba a aparecer un verdadero líder de barrio que aprovechara su protagonismo mediático para apostarle a la paz”.

   Lo esperó, prosigue, recordando el caso de Didier Drogba, delantero de Costa de Marfil, quien habló en 2005, en medio de la euforia por la primera clasificación de la selección de ese país a un Mundial: “Este jugador tomó la vocería e imploró el fin de la guerra civil que ultrajaba a su pueblo desde hacía cuatro años”.

   Los bandos en pugna debieron aceptar el desafío y Drogba organizó un partido al que asistieron el presidente y el líder de los rebeldes.

   “Esperaba algo similar de parte de alguno de nuestros futbolistas, pero sólo encontré lo mismo que en la mayoría de votantes y organizadores del No: pechos fríos frente a ladignidad humana”.

   “Por esta razón, sumada al hecho de que el fútbol pone en evidencia lo peor de nosotros: la violencia, la irracionalidad, el poder justificado en la rivalidad, la enfermiza y deplorable xenofobia, y el machismo, yo entrego la camiseta de mi fanatismo”, escribe el poeta en El Espectador.

   Tras otras evocaciones, Montoya Guiral cierra así: “Me retiro a defender los incontables colores de la palabra”.

   La nota completa está disponible en este enlace:

http://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/carta-renuncia-al-fanatismo-futbolero

 

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