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Aproximaciones de escritores de Nicaragua sobre Jorge L. Borges

Una reconstrucción de la mirada y las interpretaciones que la obra de Jorge Luis Borges generó en un grupo de escritores nicaragüenses fue realizada en un llamativo ejercicio por El Nuevo Diario, de ese país, que recupera frases y definiciones que poetas y narradores fueron deslizando a lo largo de varias décadas.

 

   Todas esas definiciones, que el diario publicó en un artículo especial firmado por Jorge Eduardo Arellano, poeta, evidencian un gran esfuerzo para un propósito casi utópico: definir en unas pocas palabras o párrafos la obra del escritor argentino.

   El articulista parte con el poeta Ernesto Gutiérrez, de quien toma una sola frase, parte de un texto publicado en 1972 en La Prensa Literaria. Dice así: “Desasosegantes preocupaciones ultratemporales y metafísicas, expresadas con una exigente lucidez sobrehumana, contiene la poesía de Borges. Su canto busca la perennidad, y su emoción es intensamente personal. Borges cautiva por su trascendencia, lenguaje preciso y belleza formal”.

   A su vez, sobre Jorge Luis Borges enamorado, escribió el también poeta Ernesto Mejía Sánchez, en 1980: “Quien lo tuvo todo, nunca tuvo nada, pues no se trata de tener o no tener, sino de ser. Porque nadie puede vivir lo impensado, lo imposiblemente mental: Borges perdió la juventud en las confiterías, al lado de frescas rosas poéticas, creyéndose enamorado del amor, pero sin compartir el hecho encadenado”.

   Agrega: “Cuando quiso probarlo fue por un instante y amargo. Todos sus amigos nos conmovimos. Lo vimos ciego y niño, abandonado solo en el bosque, en aquella selva oscura”.

   Sigue “el visionario”, en la interpretación de Pablo Antonio Cuadra: “Sus ojos no ven, pero miran. Detrás de él, hay otro. Habla su memoria como alguien que se oculta en él. Habrá siempre el visionario. Todo lo que sus ojos ven es su propia invención. Encerrado en sus sombras, oye mucho. Está atento a todo lo que se dice a su alrededor y su inteligencia siempre está despierta y ágil. La espada de su espíritu corta o rasga con ironía”. 

   El artículo de El Nuevo Diario sigue con definiciones del propio Arellano, que datan de 1986, poco después de la muerte del escritor argentino. Aparecen bajo el subtítulo “El Minotauro desposado con Ariadna”.

   “El hombre que fue Borges no era un simple homo: era Borges. Es decir: el secreto administrador del diccionario de Dios, el sofista que conjeturaba el universo y lo definía interpretándolo a través del Otro, del doble, de la sorpresa, de los espejos, de los símbolos, del laberinto, de los equívocos, del Enmascarado, de la realidad geometrizada; a través de esquemas y personajes, alegorías e inquisiciones”.

   Más adelante dice que “el hombre que era Borges era varios mundos y submundos, fábulas y ficciones, idiomas y metáforas”, para insistir después en que “el hombre que fue Borges no era un simple homo: era Borges, el Minotauro desposado con la Literatura que, para él solo podía tener un nombre: Ariadna”.

   El recorrido cierra con el narrador y ensayista Sergio Ramírez, quien en un texto más reciente, de 2006, dice que “fue un escritor ecuménico, capaz de trasegar los rigores deslumbrantes del lenguaje a la prosa de ficción, a los ensayos literarios, y a la poesía, como si se tratara de las tres caras de una moneda imposible”.

   Tenía, prosigue, “una erudición verdadera, insondable, arcana”, y “articulaba sus distintos instrumentos como un todo, la filosofía, la teología, la mitología, la crítica literaria, las traducciones, las citas de autores verdaderos, o imaginados. Nada escapa a esta inmensa urdimbre”.

   El texto completo publicado por Arellano está disponible en este enlace: 

http://www.elnuevodiario.com.ni/suplementos/cultural/444771-borges-visto-escritores-nicas/

 

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