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Claribel Alegría recibe el Reina Sofía y lo dedica a J.R. Jiménez

La poeta nicaragüense Claribel Alegría apeló a Virginia Wolf para reivindicar un lenguaje literario "andrógino", ya que no hay escritura masculina ni femenina sino "buena y mala escritura". Sin embargo, nada de esto niega que las mujeres son víctimas de discriminación y exclusión, como ella misma en toda su trayectoria, a pesar de la obtención del premio Reina Sofía 2017.

 

   "Nací y crecí en una sociedad agresivamente machista", dijo la poeta de 93 años al recibir en Madrid este premio, uno de los más preciados por los poetas de América Latina y de la Península Ibérica. Poco antes, al presentar una antología poética, había llamado la atención sobre las muy pocas mujeres a las que les fue atribuido el Premio Cervantes.

   En cambio, en la ceremonia de recepción del premio Reina Sofía, en el Palacio Real, se enfocó más en la discriminación y exclusión de la mujer en Centroamérica, a pesar de que también en España son permanentes las denuncias de machismo y discriminación, incluso en el ámbito literario.

   “En mi generación, en Centroamérica, una muchacha de clase acomodada tenía la opción de casarse y ser ama de llaves de su marido, o quedarse casta y virgen amasando rosquillas para sus sobrinos. La mujer campesina o proletaria nunca tuvo otra opción que la de convertirse en esclava de su marido y sus hijos”, afirmó.

   Claribel Alegría fue entremezclando referencias a la poesía, a su trayectoria personal y a la situación de las mujeres en el discurso de agradecimiento, todo salpimentado por anécdotas o la explicación de simples preferencias personales, como cuando dijo que necesita "bolígrafo y hojas sin rayas" para emprender "una empresa tan frágil" como escribir poesía.

   Viajando en el tiempo -viaje que a la vez se expresa en unos 25 libros de poesía y 10 novelas-, recordó que su "golpe maestro" para escapar a la predeterminación de una posición de sometimiento fue decirle a su padre que se haría religiosa o que se casaría con el primero que pidiera su mano, para divorciarse de inmediato, lo que constituía "un horror en ese tiempo".

   Transcurrieron décadas y hay algunos cambios, aunque el machismo en Centroamérica acepta "lentamente y de mala gana" que una mujer pueda acceder a puestos de trabajo con cierta calificación o destacarse en las artes.

   Sobre su obra en particular, Alegría habló de los poemas de amor con los que se propuso "combatir las dictaduras, las injusticias y las barbaries" en Centroamérica. Así, continuó, "las preocupaciones sociales y políticas tienen cierta tendencia a deslizarse en mi poesía, simplemente porque la situación política en Centroamérica es una de mis mayores obsesiones, y siempre he escrito bajo la espuela de la obsesión".

   El Premio Reina Sofía está dotado con 42 mil euros. Es organizado desde 1992 por Patrimonio Nacional, un organismo del estado español, y por la Universidad de Salamanca. Alfredo Pérez de Armiñán, presidente de la primera de esas instituciones, definió a la obra de la poeta nicaragüense como "una referencia imprescindible" de la literatura contemporánea. El rector de la Universidad, Daniel Hernández Ruipérez, dijo a su vez que "el mundo se nos aparece un poco mejor debido a ella".

   Durante el discurso, que dio sentada en una silla de ruedas, Alegría dedicó la distinción a quien llamó su mentor, el poeta español Juan Ramón Jiménez, y a su esposa, Zenobia Comprubí, así como a Rainer María Rilke, porque su obra, dijo, la impulsó a la literatura.

   Recordó consejos que le dio Jiménez: “Cuando estés trabajando en un poema, me decía, después de terminarlo y poner la pluma sobre la mesa, abre un libro de uno de tus poetas favoritos y lee un poema que particularmente te haya impresionado. Eso te dará humildad y ambición y es posible que la musa te ilumine”.

   El primer ganador del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana fue el chileno Gonzalo Rojas. El de 2016 fue el poeta español Antonio Colinas, quien asistió al acto de premiación.

 

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