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Los poetas jóvenes tienen que saber "contra qué se levantan", dice el argentino Agustín Mazzini

Los poetas jóvenes tienen el “deber” de causar una ruptura, dice el argentino Agustín Mazzini, de 24 años, quien acaba de publicar un libro premiado. Pero la lucha contra los límites que plantee una tradición poética, avisa, se hace con trabajo, leyendo, estudiando, conociendo aquello que se quiere cambiar.

 

   “El rol de la juventud siempre tiene que ser transgresor, tiene que ser revolucionario, y sobre todo dentro de la poesía debe ser subversivo, porque la poesía ya es subversiva. Entonces, el poeta joven tiene ese deber, pero tiene que saber contra qué se levanta, y eso sin trabajo, sin pasión, sin vocación, no sale, no surge, no pasa”, agregó.

   Agustín Mazzini nació en Buenos Aires, en 1993. Con su obra “El cielo no termina de quemarse” ganó el Premio Nacional Bustriazo Ortiz para Jóvenes Poetas, organizado por la editorial el suri porfiado.

   La publicación fue el premio, con lo que este autor quedó inscripto en un catálogo de 125 libros que lleva la editorial en diez años: allí están, entre muchos otros, poetas que admira, como Jorge Boccanera, Leopoldo “Teuco” Castilla y otros.

   En la presentación de este libro en Buenos Aires, La Poesía Alcanza le preguntó si quedar integrado a un catálogo en la que están estos autores representa una exigencia, si le impone una suerte de “piso” en su escritura poética, a lo que respondió que todavía vive en la sorpresa y el impacto por estos acontecimientos.

   “Que escriba un primer libro con 24 años y que dé con una editorial preocupada por los jóvenes, porque eso en general no pasa, es increíble, porque el joven en general tiene que estar tocando puertas, peregrinando. Todo eso lo estoy viviendo como un sueño, y justo se dio un primer libro en esta editorial festejando los diez años, todavía no me senté a pensar en todo lo que significa”.

   Respecto del premio Bustriazo Ortiz, el jurado estuvo integrado por los poetas Carlos Aldazábal, de Argentina; Alfredo Fressia, de Uruguay, y Concha García, de España. En la adjudicación a “El cielo no termina de quemarse”, sostuvo en el fallo que “propone un riesgo bien llevado que intenta, desde la novedad de las imágenes, construir una voz propia en la que se conuugan saberes y miradas (el cine, la música, la literatura”. Es una voz poética que “pone en marcha, desde las citas y la experiencia, una estética en construcción, impetuosa y sensitiva”.

   Mazzini explicó que no fue un libro escrito para concursar, pues venía trabajándolo con bastante antelación. Y adhirió entonces a la idea de que los autores jóvenes tienen “el deber de correr los límites, pero tienen que saber siempre qué límites corren. Quiero decir que tienen que conocer todo lo anterior, o lo que más puedan de todo lo anterior, para poder salirse y para poder transgredir”.

   La Poesía Alcanza le citó este verso suyo: “La poesía camina por las pupilas del mundo/ y el mundo no la reconoce”. Y le preguntó si contiene una mirada dolida.

   El poeta respondió: “Es como una sorpresa amarga por encontrar que la gente tiene una necesidad poética que no conoce, y que la cubre de otras maneras… La falta de sensibilidad para darse cuenta que tiene esa necesidad y que la poesía puede cubrirla”.

   “Sí, es un verso dolido -prosiguió- pero al mismo tiempo lo encuentro esperanzador, porque entonces quiere decir que la poesía está viva. Aunque no la vean, está en los grafitis, está en el rap, en los pibes de las plazas rapeando, donde se aplauden frases, a veces, sumamente poéticas, se aplauden las frases poéticas”.

   Entonces, resumió, las personas no reconocen la poesía en los libros, pero “sí la reconocen, la experimentan. Me parece que el trabajo debería ser, en un mundo en el que no hay tiempo, trabajar en esa sensibilidad para que cale un poco más profundo, porque si no nos quedamos siempre en la superficialidad”.

   A la vez, “el capitalismo no se fuma a la poesía, lo quiero decir así, bien claro. En un mundo donde hay que producir, hay que trabajar tantas horas, cumplir, la poesía, ¿qué lugar ocupa? En un mundo utilitarista la poesía no sirve absolutamente para nada. ¿Las necesidades del alma? Bueno, te lo resuelven vendiéndote una canción que dura tres minutos. Bailás un poco, y listo. Es como un entretenimiento”.

   Pero la poesía “no es un entretenimiento, la poesía es una experiencia. La poesía se vive. Vallejo vive en ‘Trilce’ vive. Vallejo está vivo, en algún punto”.

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