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El traductor David Unger: malos recuerdos de Nicanor Parra

El escritor y traductor guatemalteco David Unger (foto) hizo públicos unos recuerdos nada gratos de su relación con el poeta chileno Nicanor Parra, de quien llevó al inglés sus "Poemas y Antipoemas". Varias experiencias con él hacen que lo defina como una persona altanera, muy creída de sí misma y frecuentemente descortés.

 

   En un artículo en The Paris Review, Unger interpreta que el maltrato y la desconsideración de Parra hacia él se debió a que tenía el secreto anhelo de que fuera Allen Ginsberg quien se ocupara de editarlo en inglés, algo que jamás sucedió.

   Nicanor Parra murió el 23 de enero de 2018 y David Unger, nacido en Ciudad de Guatemala en 1950 pero radicado en Estados Unidos desde muy joven, no sigue en su nota el rito de rendirle pleitesía al fallecido, exaltando sus virtudes y dejando en segundo plano, cuando no olvidando, sus defectos o actitudes criticables.

   Además de la obra de Parra, Unger tradujo a su compatriota Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, a la cubana Teresa Cárdenas y a las mexicanas Silvia Molina, Bárbara Jacobs y Elena Garro. Entre los reconocimientos a su actividad literaria figura el Premio Nacional Miguel Ángel Asturias, de Guatemala, en 2014.

   Se dedicó a Parra a partir de 1973, cuando un profesor de la Universidad de Columbia le recomendó su lectura. La editorial New Directions firmó con el poeta chileno un acuerdo para traducir sus obras, y seleccionó a Unger.

   Su impresión es que Parra estaba "profundamente descontento" con esta designación, porque "esperaba que Allen Ginsberg lo editara, pero él apenas hablaba español y no le interesaba en absoluto la tarea".

   En el artículo en The Paris Review recuerda que hubo un período, a mediados de los 80, en que Nicanor Parra vivió en Manhattan con su hija Catalina. Lo visitaba en el departamento de ella para hablar de sus ideas en el trabajo de traducción y él lo atendía con desdén. Agregó que cuando preparaba "Antipoems: New and selected", el poeta le canceló reuniones y "se negó a responder las consultas que le enviaba por correo".

   Sorpresivamente, además, asignó "El hombre imaginario" a al menos otros cuatro traductores. "Le pregunté por qué había hecho eso. Dijo que la traducción debería ser una carrera de caballos y que debería poder elegir al ganador. Tenía mucha confianza en su inglés, que encontré pobre, y la arrogancia de esta respuesta se quedó atascada en mi".

   Agrega que "no podía tolerar ese tipo de actitudes" puesto que "la traducción es un arte minucioso y no podría haber celebrado que traductores, amigos míos, compitieran entre sí como caballos".

   Cuando le planteó esta discusión en un bar, prosigue el traductor guatemalteco, "de vez en cuando fruncía los labios y miraba en blanco, ignorando mis ojos y mirando a los estudiantes cercanos. Sin decir una palabra más, de repente se levantó y se fue. Regresó a Chile quizás una semana después. Se negó a responder mis llamadas o cartas. Sospeché que pocas personas lo habían enfrentado antes; su silencio era su manera de subrayar mi falta de importancia y su autoridad. Después de todo, Nicanor era un macho alfa".

   Pasaron seis años sin que se comunicaran. En 1991, Parra fue galardonado con el premio Juan Rulfo en la Feria del Libro de Guadalajara, México. "Dos días después de que le otorgaran el premio, me encontré con Nicanor en los pasillos de la feria. Curiosamente me abrazó y dijo: '¿Qué hay de tu vida?' Murmuré algo incoherente, estoy seguro".

 

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