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"Jurados y jodidos": historias de un oficio bastante complejo

El trabajo intenso, el enojo de quienes creen que deben ser ganadores, la escasez de buenos trabajos y la casi infaltable demora en el pago de los honorarios, no muy abultados, pueden presentarse frecuentemente, si no simultáneamente, a la labor de los jurados. Con buen verbo y mejor humor, hace un relato al respecto el poeta y crítico chileno Edmundo Moure.

 

   Las distancias son oceánicas, pero la labor de los jurados literarios siempre puede ser criticada, como la de los árbitros de fútbol. Proliferan, para más, afirmaciones sobre maniobras y conciertos para beneficiar a algunos autores en particular.

   Pocas veces el asunto es enfocado del lado de quienes hacen el trabajo. Edmundo Moure, nacido en Santiago de Chile en 1941, poeta y crítico -también se define a sí mismo como "tenedor de libros"-, escribió al respecto en la publicación Crónicas de la Emigración. El texto va con toma de posición a partir del título: "Jurados y jodidos".

   Recuerda que fue jurado en varios concursos, algunos ad honorem.

   En 2015, continúa, asumió la función para un certamen de la Municipalidad de San Bernardo, en la provincia del Maipo, en la región Metropolitana. Con sus colegas declaró desierto el premio en el rubro ensayo y uno de los participantes, "un pastor protestante, nos auguró las penas del averno por aquella descalificación. (No sé si este mensajero del Altísimo tenía influencias en el departamento de contabilidad edilicio, pero lo cierto es que el pago de nuestros honorarios tardó más de dos meses en concretarse)".

   Mucho antes, en los 80, Moure presenció "el apremio de dos postulantes a un premio de poesía de un concurso comunal sobre un viejo escritor que presidía el jurado. Se trataba de un poeta que tenía predilección por los jóvenes escritores en ciernes, era muy pobre y se le ofrecía, providencialmente, una tajadita del estipendio. Uno de aquellos mozalbetes obtuvo el primer lugar y, la verdad, no era tan malo… La dignidad literaria quedó resguardada".

   Otra vez en 2017, "muy activo para mí en materia de concursos, charlas, conferencias, tertulias, correcciones de textos y escritura de crónicas y artículos (algunos por encargo mercenario), fui designado por la directiva de nuestra Sociedad de Escritores de Chile, como jurado al Premio Municipal de Santiago, en el género 'ensayo'. Cumplí mi cometido, junto a Bernardita Bolumburu, escritora y académica de la Universidad Diego Portales… Teníamos que leer sesenta y siete libros, todos editados en 2016".

   Tras intenso trabajo, coincidieron en premiar a Diamela Eltit, en primer lugar, y a Pablo Oyaurzún, en segundo. El acto de entrega se realizó el 15 de diciembre "en el hermoso salón de honor de la Ilustre Municipalidad de Santiago".

   "Se convino con nosotros, los jurados, un estipendio que consideramos digno, dentro de la precariedad endémica de nuestro menesteroso oficio. Se nos manifestó que esos emolumentos nos serían pagados antes de la ceremonia de premiación. No fue así. Entre varios de los dictaminadores -por cierto, muy elogiados también en sendos discursos, por la calidad de sus colaboraciones- nos preguntamos, con el gesto de sorpresa que suele surgir desde la inadvertencia:  '¿Cuándo nos van a pagar?'".

   Posteriormente, tras "repetidos correos y cartas al funcionario municipal responsable, se nos solicitó a los jurados la correspondiente boleta de honorarios, la que hicimos llegar de inmediato. Ayer, viernes 2 de febrero, cumpleaños de James Joyce, mi apreciado amigo Jorge Calvo, escritor y crítico destacadísimo, nos hizo llegar copia de su misiva al funcionario de marras, sugiriendo la posibilidad de dar a conocer a través de la prensa esta anomalía reveladora, una vez más, de la desconsideración endémica del poder hacia los creadores –en este caso, literarios–".

   "La respuesta, digna del señor K del castillo kafkiano, no se hizo esperar, aunque su abundoso contenido retórico no ofreció solución inmediata a los precarios demandantes, sino que desplegó malabarismos burocráticos para explicar lo inexplicable, una especie de respuesta indeterminada: 'En cuanto se pueda, veremos… Mucho les apreciamos, pero no apuren los bueyes, menos si son municipales'".

   La nota completa está disponible en este enlace:

http://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/edmundo-moure/jurados-y-jodidos/20180205113652084577.html

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